Un mismo material. Todo en madera plástica reciclada, hecho a mano en el taller. Elegís, nos escribís, lo armamos.

Tablas verticales escalonadas. Sale ensamblado del taller. El tercer año se ve igual que el primero.
Mocca lo aprobó. Sus criterios no están documentados. Pero funcionan.

Cuatro patas, un contenedor, un marco. La altura pensada para trabajar de pie. No absorbe humedad.
Mocca lo aprobó. Sus criterios no están documentados. Pero funcionan.

Tres módulos. Cada uno a su ritmo. El cajón no le sigue el paso.
Mocca lo aprobó. Sus criterios no están documentados. Pero funcionan.

Misma línea, mismo material. Se venden juntos o por separado.
Mocca lo aprobó. Sus criterios no están documentados. Pero funcionan.

Patas cortadas a 15°, estructura tipo caballete. El respaldo no busca que te duermas — busca que te quedes.
Mocca lo aprobó. Sus criterios no están documentados. Pero funcionan.
Es otra cosa. Tiene su propio color, su propia textura, su propio comportamiento. No envejece como madera porque no es madera.
Lluvia, sol, frío, humedad — sin cubierta, sin galpón, sin preocupación.